Menudo trajín me traigo por las noches con la teleoperadora de mi mente
Y luego está la mía, que decide que es un momento estupendo para venderme productos e ideas que yo no he pedido:
«¡Llévate esta preocupación por solo 9,99 pensamientos más!»
«¡Oferta exclusiva! ¡Angustia por tiempo limitado!»
«¡No te duermas todavía! ¡Aún queda ansiedad en stock!»
«¡Regalo especial!» ¡Preocupación por algo que todavía no ha ocurrido!
Sé que mi mente no tiene mala intención... debe ser que se aburre y empieza a sacar infomerciales internos. Así que utilizo alguna píldora creativa para silenciar a esa teleoperadora nocturna sin necesidad de luchar contra ella.
En vez de regañarla, cambio de canal
Cuando mi mente se pone en modo locutor de madrugada, lo peor que puedo hacer es intentar «callarla». Es como decirle a un vendedor hiperactivo: «¡Por favor, deja de hablar!». Resultado: hablará todavía más fuerte.
Así que hago justo lo contrario. Respiro normal, sin pretensiones, y me digo:
«Sigue hablando si quieres, pero yo me voy a cambiar de asiento».
Ese microdesplazamiento es casi filosófico: no intento apagar la tele mental, simplemente no me siento en primera fila a ver el programa. Y algo dentro de mi parece entender que no hay peligro... solo ruido de fondo.
Uso el truco del «Objeto Absurdo»
Escojo un objeto real que tenga cerca —la almohada, una botella de agua, un bolígrado, un libro— y lo observo como si fuera una antropóloga extraterrestre recién aterrizada en la Tierra:
¿Qué textura exacta tiene?
¿Por qué tiene esta forma tan rara?
¿A quién se le ocurrió que esto debía existir?
¿A qué temperatura está al tacto?
La clave está en sacar a mi mente de su película y ponerla a mirar algo que tiene delante. En cuanto se entretiene con lo que ve y toca... la televenta interna empieza a perder cobertura.
El gesto que reprograma la noche
Pongo una mano sobre el vientre y me digo mentalmente, como un susurro muy suave:
«Estoy aquí, serena... y no necesito resolver nada a estas horas».
Luego respiro hondo y me pongo a susurrar el mantra Baba Nam Kevalam y, casi sin darme cuenta, desarmo el circuito de alerta nocturna.
No siempre me quedo frita en 57 segundos, pero mi mente deja de venderme dramas por impulso. Y lo más curioso de todo es que, cuanto menos lucho contra ella, más rápido se retira la vendedora nocturna.
Sé perfectamente que solo quería sentirse escuchada, pero... ¡madre mía, es que a veces es de un cansino que no se aguanta!
Así que siempre me invento algo para dejar a la televenta sin audiencia. 😉
¡Ala, pues! Se acabó la emisión por hoy. Bajo la persiana, cierro el chiringuito y que el universo se encargue de lo suyo. Que recursos no le faltan... 😜 ¡De ida y de vuelta!
🌬️ Ven, que te voy a enseñar una cosa que probablemente no necesites...
pero seguro que en algún momento vas a necesitar. 😂
¿Necesitas un abanico?
No.
¿Lo necesitas de verdad?
Tampoco.
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¿Lo necesitas de verdad?
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O quizás si...
¡Mira que preciosidad!
Yo solo te los enseño.
Lo que hagas después con tu fuerza de voluntad ya no es asunto mío. 😂
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Sí.., el enlace lleva a Amazon y puede que yo me lleve una pequeña comisión si compras.
A ti no te cuesta más.
A mí me ayuda a seguir haciendo filigranas por aquí. 🌬️😂

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